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06 Oct 2016

Congreso Internacional de Filosofía

5 Oct 2016 | Serie Desentrañar

El Dr. CESAR LORENZANO, médico, filósofo, epistemólogo, profesor universitario y muchas otras cosas, pero principalmente UN AMIGO ilustró su reciente participación en un Congreso Internacional de Filosofía con un video de su autoría, que registra el proceso de realización de un conocido DIBUJO MÍO.

05 OCT 2010

Desentrañar: Retratos del cuerpo

5 Oct 2010 | Serie Desentrañar| Escrito por: Florencia Salas

Eduardo Silberstein es hombre de un solo tema. Así como hay quien se reparte entre mundos enteros— yendo de las naturalezas muertas al paisaje, la figura o la abstracción— él no necesita más que el tema del cuerpo para desarrollar la obra de toda una vida. Particularmente, claro, el cuerpo femenino.

“El cuerpo expresa todas las emociones del ser humano” explica, y por eso el tema es inagotable, y no resulta repetitivo, porque siempre hay una manera nueva de abordar esas emociones que tampoco se terminan. En la búsqueda de la expresión más profunda, sus cuerpos no son complacientes ni plácidos, sino fuertes, enérgicos, nerviosos. Silberstein captura la fuerza subyacente en cada cuerpo, el momento de tensión, la energía de los movimientos. El cuerpo no está mostrado como mera representación, sino como vía para llegar a la esencia, al origen de la condición humana.

Todo esto sería pura literatura si no estuviera sostenido por un dibujo sólido, impecable, sabio. “Lo que está sostenido por un buen dibujo, no so cae” escribió acerca de Silberstein el crítico Rafael Squirru. Y es así: Su obra es, principalmente, la obra de un gran dibujante. Por eso puede centrarse en lo que le interesa, el gesto corporal, prescindiendo casi siempre de rostro y manos, que tradicionalmente concentran la expresividad.

Decía Francis Bacon que “al pintar un retrato, el problema es encontrar la técnica para representar las pulsaciones de la persona”. Y la manera que encontró Eduardo Silberstein para retratar los cuerpos, es partir dc las entrañas, de la estructura de la imagen.

A partir de allí, así como en otras muestras destacaba sombras sobre fondos claros, ahora nos presenta una serie hecha a la inversa: con pincel, destaca las luces sobre fondos oscuros. Son obras rápidas, espontáneas, hechas de primera factura frente a su modelo, eligiendo casi intuitivamente distintas poses y distribuyéndolas en el espacio de la tela. Esta vez prescinde de la línea casi por completo, para concentrarse en la incidencia de la luz sobre el cuerpo.

En esta época en que muchas veces se confunde el talento con la novedad o el ingenio, cuando hay demasiadas instrucciones para “entender” el arte, es un verdadero aire fresco encontrar obra que sabe explicarse por si misma, a la que le basta su propia imagen, fuerte, clara, para imponerse. El verdadero arte nunca necesita explicaciones.

12 FEB 2010

Cuerpo de Mujer

El culto al cuerpo en la sociedad contemporánea asume un carácter sagrado y devocional. Un canon de belleza superficial, imitado y postizo se reitera de manera continua, moldeando e imponiendo en partes del cuerpo una categoría ideográfica de perfección. La industria de la moda, la publicidad, la televisión y el cine son templos heredados de la modernidad que instalaron un modelo que genera en sus seguidores, los más grandes sinsabores. La imposibilidad de dar con el talle provoca el infortunio en mujeres y hombres de todo el mundo, por eso su dependencia “no es antihumana, sino anti humanista”, diría Agamben. Ya en la antigüedad los egipcios mostraban la posibilidad de alcanzar una talla perfecta utilizando el puño como unidad de medida. La belleza se repartía con 18 puños en el cuerpo: 2 para el rostro, 10 del hombro a la rodilla y 6 para las piernas y los pies. El ideal humano en la Grecia del siglo Va C. también lo buscó Policleto, estableciendo en sus esculturas una medida proporcional para el cuerpo que debía contener siete veces la cabeza. Más aquí en el tiempo, Leonardo Da Vinci definió al ombligo como el centro natural de la figura humana, proyectando en el hombre de Vitrubio su proporción armónica a través de la convivencia entre el círculo y el cuadrado. Hoy y desde los años ’70 del siglo pasado, la belleza derivó hacia un ideal del cuerpo cada vez más delgado y estilizado, siendo la costura de vanguardia y la pasarela la norma que dicta el ideal. La realización en China del concurso “Miss Belleza Artificial” acentúa el deseo de perseguir la perfección absoluta después de haber alcanzado la modificación corporal por intermedio de la cirugía. Enfrentado a toda definición exterior sobre lo humano y específicamente sobre el cuerpo de la mujer, Eduardo Silberstein recorre en su obra lo femenino, como un geólogo que detalla contingencias luminosas en un territorio de extraña oscuridad. Pero en este caso el sorprendente relieve que consigue no es la memoria descriptiva de un paisaje, sino una dermis nerviosa y centelleante que depara sorpresas en el claroscuro de su personalidad. Lo que se ve no es narración de lo visible sino reflexión de su interioridad.

Silberstein hace su vida de pintor dibujando el cuerpo femenino de manera cotidiana, con obsesiva franqueza e insistente verdad. La(s) figura(s) que pinta no tienen ubicación tempero-espacial, las ubica en una atmósfera irreal que responde a tiempos personales y recónditos del artista. La expresividad del contorno incierta el tiempo y la personal resolución del espacio no demanda ubicación. Difícil definir en qué momento la modelo y el dibujo ingresan en la interioridad del pintor, la imagen se convulsiona y arquea promoviendo escorzos, diagonales y tensiones que se emparentan con acontecimientos de la vida y su desesperación. Por medio de una pincelada vibrante y activa que deja a su paso huellas de identidad, crea un fondo dinámico y activo donde las figuras emergen de la oscuridad como si fueran esclavos del non finito. Pero aquí no hay ignudi prisioneros de la ignorancia y el salvajismo, sino mujeres del siglo XXI, surgidas de una mano que modela el acrílico como antes se hiciera con el barro.

La tensión y subjetividad en las figuras de E.S [Eduardo Silberstein], están en permanente diálogo con E.S. [Egon Schiele], allí se escucha el susurro del vienes cuando le dice pintemos “la luz que emana de todos los cuerpos”. En la elección de las particularidades del lenguaje expresionista, la imagen de Eduardo Silberstein deja de lado la perfección para anticipar el sentimiento En consonancia con su contemporaneidad lo ambiguo alimenta una obra nacida de la práctica espontánea y el toque impreciso, dos componentes esenciales en el enigma de su singularidad.

11 Dic 2002

Los Secretos del Desnudo

El maestro Eduardo Silberstein vuelve a la carga con renovados bríos. El desnudo femenino ha si-do desde época inmemorial motivo principalísimo en el arte de todas las épocas desde el Paleolítico hasta nuestros días.

Por cierto que tal fuente de inspiración ha conocido diversas motivaciones que van desde la magia hasta el puro goce estético. Pero aun en este último caso, como ocurre con los trabajos de desnudos de Silberstein, algo de aquellos resabios primitivos nunca abandonan del todo a estos iconos de nuestra cultura.

Si bien la belleza parece ser la principal preocupación del maestro Silberstein, no podemos ignorar que ella va acompañada de una rara fuerza, de una energía que trasciende lo puramente estético. Tanto en los trabajos con colon de un naranja movido por texturas, como en los aún más contundentes en blanco y negro que tampoco rehuyen algún enriquecimiento textural.

Una importante colección de autorretratos cubren uno de los muros de la muestra, expuestos en varias hileras. Este artista habla de lo que mejor conoce y nos demuestra como lo quería Matisse que la exactitud no es necesariamente la verdad.Todos los autorretratos son distintos y a la vez todos traducen el mismo motivo en idénticas dimensiones. Tengo la certeza de que Silberstein ha llegado a su más plena madurez, lo que no es un obstáculo para seguir creciendo.

05 ABR 1998

Eduardo Silberstein

Lo que está sostenido por un buen dibujo no se cae. Esta es la primera reflexión que viene a mi mente recorriendo la muestra de Eduardo Silberstein, en Arcimboldo (Reconquista 761, al fondo) que, con acierto, dirige Pelusa Borthwick. La exposición está compuesta en su mayoría por dibujos. En los más pequeños se destaca la línea, dentro de la tradición clásica, pero hay otros más ambiciosos en los que la línea se mezcla con la mancha.

Cuando de pintura se trata Silberstein sigue el camino de los fauves, por su colorido, que evoca algunos trabajos de Matisse o de Von Jawlensky. Se trata de una batalla ganada por el obstinado rigor.